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La agricultura inteligente frente a la sequía y las plagas

La inteligencia artificial ha dejado de ser algo ajeno al sector agrícola. Donde antes se confiaba en la experiencia y el ojo humano, ahora trabajan los algoritmos. Son más rápidos, más precisos y no se cansan. La agricultura moderna utiliza cada vez más la IA para no perder cosechas, ahorrar agua y reducir costes.

El clima es cada vez menos predecible, las estaciones se desajustan y las precipitaciones son más escasas. En este contexto, la tecnología deja de ser solo una ayuda y se convierte en una herramienta de supervivencia para el agricultor.

Los agricultores ya no recorren el campo a ciegas. Cámaras en los tractores, drones, satélites y diminutos sensores recopilan datos sobre las plantas, el suelo, la temperatura y mucho más. La IA analiza toda esta información y ofrece recomendaciones precisas: dónde hay riesgo de sequía, dónde ha comenzado una enfermedad, en qué zonas aplicar fertilizante. Las decisiones ya no se toman por intuición, sino basándose en datos. Esto significa menos errores, menos pérdidas y mayor control de la situación.

En general, hay que destacar que si hace unos años la IA era solo un juguete, hoy la situación ha cambiado radicalmente. Las soluciones actuales de este tipo muestran una alta eficacia en muchos sectores profesionales. Bancos y aseguradoras utilizan IA para optimizar procesos, los casinos online y casas de apuestas modernas la emplean para análisis y atención al cliente, y artistas o escritores la integran como una nueva herramienta creativa. Era natural que los agricultores también acabaran por adoptarla.

Ejemplos del uso de IA en la agricultura

Un problema es más fácil de resolver si se detecta a tiempo. Eso es precisamente lo que hace la IA. En los invernaderos de Madrid, sensores inalámbricos controlan el microclima. Si en algún punto cambia la humedad o la temperatura, el sistema lo notifica de inmediato. En Valencia, la inteligencia artificial ayuda a combatir plagas en cítricos. Drones y satélites monitorizan el estado de los árboles, y los algoritmos detectan síntomas de infección. Todo se recopila en una aplicación que usan los agricultores. Muestra dónde hay amenaza y cuándo es mejor intervenir.

Cuántos frutos hay en un árbol, qué tamaño tienen y dónde se concentran más: antes solo podía saberse manualmente. Ahora se encarga de ello el sistema OnFruit. Cámaras montadas en tractores toman imágenes de las plantas, y la IA analiza cada foto. Este enfoque permite anticipar el volumen de la cosecha. Eso facilita planificar la recolección, calcular mejor cuánta agua, fertilizante o mano de obra se necesitará. Todo ello reduce los costes y mejora la calidad del producto.

El agua es uno de los recursos más escasos en el campo, especialmente en regiones secas. En Almería, los agricultores ya usan sistemas de riego automáticos gestionados por inteligencia artificial. Los dispositivos Ikoscontroller reciben datos de decenas de sensores: humedad del suelo, temperatura del aire, estado de las plantas. La IA procesa la información y transmite instrucciones precisas sobre cuándo y cuánto regar. Todo funciona con energía solar y se sincroniza con una app. Este enfoque no solo permite ahorrar agua. También ayuda a proteger la cosecha incluso cuando las lluvias son cada vez más raras.

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